Paul Auster.

Ciudad de Cristal

Por EMILIO MOROTE ESQUIVEL

Ciudad de Cristal es la primera novela de la Trilogía de Nueva York y la que proporcionó a Paul Auster su primer reconocimiento. Influido por la novela negra clásica , que el autor había devorado con pasión en su adolescencia, esta inquietante narración a medio camino entre el género policíaco y lo puramente surrealista se publicó en 1985 y desde entonces no ha dejado de reeditarse en todos los idiomas a que ha sido traducida. En un ambiente que ya desde la primera página se muestra cargado de oscuros presagios, Paul Quinn ( inadaptado social, escritor de novelas de segunda fila, separado y solitario) asume la condición de investigador privado que accidentalmente le otorga una misteriosa llamada telefónica. Una peculiar entrevista con la artífice de la llamada y con su marido ( un hombre que pasó toda su infancia recluido en un cuarto oscuro sin contacto con seres humanos) da el pistoletazo de salida para una persecución por las calles de la gran metrópoli norteamericana en pos de un tal Stillman , el hombre objeto de la misión de Quinn que introducirá a éste en un extraño mundo de suposiciones, falsas pistas y paseos sin finalidad aparente. La aureola de misterio que teje Paul Auster alrededor de Stillman se extrapola al propio detective-escritor, quien se sumerge en una cenagosa vigilancia desde los mismos cubos de basura de la ciudad, en una aguda metáfora sobre la inmersión en la cara desconocida de una sociedad, la occidental, cuyas repelentes cloacas conoció el mismo Paul Auster en una vida cargada de privaciones que le acompañaron hasta bien entrada la madurez. La prosa de Auster pasea con fluidez por senderos de fácil acceso, siempre lejos de vericuetos lingüísticos de difícil digestión. Ello no debe conducir a engaño. La aparente sencillez argumental y estilística encubre sabiamente una complicada trama donde lo sugerido supera con creces lo mostrado, lo que obliga a una segunda y hasta una tercera lectura, no sólo por el placer de disfrutar del ágil estilo de Auster sino también por desentrañar el auténtico y profundo sentido de Ciudad de Cristal. Quizá por ello, y hasta donde alcanzo a saber, la obra aún se encuentra pendiente de una adaptación cinematográfica, género en el que Paul Auster hizo sus pinitos como director y guionista. Ciudad De Cristal es uno de los grandes relatos de misterio del siglo XX, una obra maestra de muchos quilates que reluce como el mejor de los metales nobles. En definitiva, un intranquilizador y por momentos angustioso periplo por las zonas escondidas de la psique humana.

 

Emilio Morote Esquivel

Ambrose Bierce

Fragmento de "Ambrose Bierce: El Olvidado Espectro de un Gringo Loco".

(publicado por la revista Ruta 66 en septiembre de 2002)

Ambrose Bierce nació en 1842 en una pequeña comunidad rural de Ohio. Sus padres, Marcus Aurelius y Laura, huyeron hacia el oeste en sucesivas ocasiones, hacia una frontera siempre moviente que marcaba el avance del hombre blanco por territorios indios. La promesa de nuevas posibilidades llevó a la familia a buscarse la vida en tierras más prometedoras. Los Bierce , Marcus y Laura, profesaban el calvinismo y ello se reflejaba en el trato que daban a sus hijos. Ambrose tenía otros doce hermanos. Tres de ellos murieron siendo niños. Las condiciones de pobreza en el hogar, unidas a las teorías religiosas de sus progenitores, se resolvieron en una educación restrictiva, frustrante y por lo común hiperdisciplinada que sembró en Bierce la semilla de la rebeldía. Según se dice, Marcus Bierce era un hombre despreocupado por las tareas del campo, tareas que odiaba; mientras que la señora Bierce era la que llevaba las riendas del hogar : manejaba a su prole a base de un jarabe de palo que administraba con gran generosidad. Los sentimientos ambivalentes de todo niño envuelto en una circunstancia de este tipo se proyectaron en Ambrose hasta su vida adulta. Prueba de ello sea quizá la ominosa atmósfera de impiedad que flota en su famosa obra El club del parricidio. Los Bierce se establecieron en el campo cerca de Warsaw, una pequeña localidad emponzoñada con todas las mezquindades de la América colonial , un reducto de protestantismo exacerbado que llevaba a sus habitantes a una vida constreñida por normas religiosas incapaces de cumplir, lo que provocaba en ellos , en todos ellos, un amargo sentimiento de culpa y la sensación de que el infierno galopaba siempre tras sus pies. Tal fue el ambiente en que Bierce pasó sus primeros años. Pero el futuro artista tenía tres válvulas de escape: sus salidas al bosque, donde podía pasar horas y horas en soledad; la pequeña pero selecta biblioteca de su padre; y la visitas de su tío , el general Lucius Verus Bierce

 

EMILIO MOROTE ESQUIVEL

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