El Sol es un FLEXO.
Por Francisco Chaves.
Cuando un escritor
se acerca críticamente a una obra plástica, tiende, de forma creo que ineludible,
a intentar descodificarla en clave literaria. En su paseo meditativo a través
de las salas de un museo, no deja de buscar afanosamente fonemas y sintagmas
en los que basar su apreciación, positiva o negativa, de un óleo o de un mármol.
Me acechan estas ideas durante mi visita a la exposición que Manolo Plaza mantiene
abierta en la Sala de la Cámara de Comercio, titulada "Speed Landscape", de
la cual lo único que no me gusta es precisamente el nombre. ¿Cómo podría agradarle
el uso del inglés a quien basa su intento de acercarse a lo artístico precisamente
en molturar la espiga del idioma castellano? Y es que estos "Paisajes Apresurados"
no tienen nada de apresurados, sino que, antes bien, son medidativos e indagadores.
Pero, ¿de qué manera traducir el lenguaje de líneas y colores al de sujetos
y predicados? No la hay: el escritor debe hacer un ejercicio de humildad, olvidar
aquello que domina más o menos y adentrarse en nuevos vínculos que armonicen
sus emociones. Sí, es posible jugar con las relaciones sintácticas de los motivos
pictóricos, con el ritmos que marcan los trazos. Pero la pintura es otra cosa.
La pintura es luz. Su esencia radica en las cualidades cromáticas. Y, en mi
poca experta opinión, los óleos que ahora nos muestra Manolo Plaza constituyen
un poemario en el que los versos están formados por el suave deslizamiento lumínico
de sus pinceladas. (Para el autor, según confesión propia, el sol es un flexo
que ilumina el mundo objetual). Lo que de inmediato llama la atención en estos
cuadros es la profundidad: la vista va perdiéndose poco a poco en una lejanía
que parece no tener fin, como si el espectador tuviese la capacidad de volar
con lentitud sobre unos campos perennemente abiertos. Tal efecto debe su intensidad
a la sutileza con que unos planos se transforman, a base de livianos matices
en otros, acrecentando con ello la sensación de unidad de la obra. La utilización
de sombras irreales, casi oníricas, junto al tratamiento musical de la conjunción
de la gama de ocres, mantiene un tono de sencilla espiritualidad. Y la armonía
del conjunto se funda en la trabajada escala cromática y en los articulados
volúmenes, que facilitan el acierto de los encuadres. Así pues, el conjunto
narrativo de cada una de las obras expuestas me ha dejado una sensación libérrima
de armonía y de plenitud. Y, ni que decir tiene, aunque cada una de las artes
se apuntale en códigos distintos, el conjunto de ellos forman un lenguaje común,
universal, el del artista que expresa con todas fuerzas lo que cree bello, lo
que cree bueno, lo que cree trascendente.
Speed Landscape